Espiral de Fermat
Espiral de Fermat o círculo vicioso. Esa es la duda.
Círculo vicioso. Esa situación irresoluble donde dos circunstancias son a la vez causa y efecto una de la otra.
Por primer vez no estás en ningún lado. Has cortado el cordón. El cable rojo de la bomba.
Para la otra pata de la banqueta. Hedonista convencida incluso en los días peores.
- Quiero intentarlo. Aunque fracase. Aunque no funcione. Pero quiero intentarlo
- Pues queréis cosas opuestas.
Y la frase, dicha como tantas otras frente a dos tés morunos, rebuscando cacahuetes en el cuenco de los frutos secos, se quedó demasiado tiempo dando vueltas. Porque era el único diagnóstico de aquella enfermedad. Platón contra Epicuro. La caverna contra el jardín. Lo inmaculado contra lo sucio de realidad caliente. Todo el idealismo del mundo había dejado de ser alimento suficiente. Había dejado de significar la felicidad para convertirse en una especie de tortura sensorial.
Tienes que salir de ahí. Endurecerte. Diagnosticaban los expertos
Pero no estuvo de acuerdo.
Porque al otro lado había alguien suficientemente endurecido que necesitaba los reflejos de su luz. Alguien destrozado al que no era posible salvar, ni curar, ni hacer reaccionar. Alguien a quien tampoco quería cambiar. Alguien que pensaba en golpes. En heridas. En sangre. En sufrimiento. En violencia pura. En la soledad como una protección contra el daño. En el placer como algo animal que uno debía, por supervivencia, aprender a separar del latido del corazón. Del pulso en las venas. Del agujero. Porque al otro lado había alguien importante que necesitaba saber que se podía salir de ahí sin endurecerse.
Caminando por la ciudad con el sabor del té moruno en la boca y el sonido de la verdad en la cabeza, decidió que mientras tuviese fuerzas iba a seguir siendo un reflejo. Porque había alguien dentro de la caverna atento a las sombras que proyectaba su luz.
No sabía cuánto podría resistir. Tenía claro que nadie iba a entender aquel sacrificio. Pero no quedaba elección posible. Y de todas formas los supervivientes seguidores de Epicuro siempre encuentran una manera de salir del sufrimiento. De volver a los días soleados. A los placeres que prolongan la vida y la enriquecen.
Sobrevivir y salir indemnes. Hay seres con la fortaleza, la claridad y la fuerza para hacerlo. Decidió que lo intentaría. Y se sintió mejor, porque aquel dolor, después de todo, tenía algún sentido.
Dentro de la gruta el dolor no conducía a nada, ni resolvía nada, ni provocaba nada. Ni movía nada. Era la pura tortura autoimpuesta de negarse a salir al mundo real donde nada está bajo control. Donde brilla el sol. Donde se nubla. Donde hay placeres escondidos en los recodos de los caminos. Incluso de los más tortuosos.
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No pretende ser un tema de selectividad, disculpen la brocha gorda.
En el límite de la necesidad. En la delgada línea que separa lo vital de lo irresistible. Ese impulso suicida. Esas ganas incontroladas de mover un pie, cruzar la raya. Esa frontera que trazaste. Que nos separa y me electrocuta.
Nunca supe diferenciar los jardines versallescos de los de estilo inglés, de los renacentistas italianos. Dice la guía que este es inglés, no sé. Fuentes. Setos recortados como pretendidos laberintos.
Desde la azotea los turistas parecen hormigas ejecutando una extraña pero rítmica coreografía. Fascinante perspectiva.
Una mujer que no sabe correr, deja los brazos muertos pegados al cuerpo. El riesgo de perder los dientes en la carrera se percibe como ineludible desde aquí arriba.
Es dificil entender, en cambio, el por qué de tanta prisa.
En el silencio que ofrecen la vegetación y la distancia, la carrera de la mujer que no sabe correr, estorba la calma.
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El Château Villandry existe, está en el valle del Loira, cerca de Tours. La foto de arriba es de sus jardines.
Ruido. Coches vertiginosos para hombres con complejo de Peter Pan. Niñatos. Pelis en las que DiCaprio intenta, una vez más, ganar un Óscar. Programas de cotilleos con personajes que a estas alturas ya ni identifico.
Voces de mujeres cool, poco naturales, anunciando gafas para mujeres que ven perfectamente.
Y más gafas para jóvenes con peinados imposibles. La modernez, definitivamente, lleva gafas.
Un pato en 3D desinfecta el water. Un corderito adorable vende pastillas light para dormir.
Más coches escandalosamente asequibles.
Ese anuncio de chicle que da ganas de traspasar la pantalla. Ondas sonoras, millones de minúsculas bolas magnéticas. El cuerpo desnudo vibrando dentro del magnetismo de las ondas sonoras agitando las minúsculas bolas.
Acento italiano para vender pizzas congeladas Antigripales mejores que los anteriores pero no tan buenos como los siguientes.
Cereales azucarados que suigieren adelgazamiento atiborrándote de minúsculas virutas de chocolate azucarado. Todo azucarado pero light.
Leches de continuación con fibras prebióticas. Sea eso lo que sea.
Manteles relucientes de puro blanco. Ariel, vernel, kalia. No lo sé
Siempre mujeres lavando ropa.
Alimentos naturales con aspecto de saber a puro plástico.
Más mujeres fregando suelos para maridos, amigos, hijos, hermanos y hasta compañeros de piso.
Parejas que se compran casa por Internet con sonrisa ancha. Ella todavía no sabe que tendrá que ser su asistenta sin sueldo. Ninguno piensa en el euribor ni en los mercados. No viene en el guión
Más antigripales en este invierno benévolo de 20 grados a mediodía.
Más coches con nombres poéticos. Una historia de pasión contada como un mosaico de imágenes tan bonitas como frías.
La pasión, después de todo, es otra cosa. Inmprevisible, puede que sucia, desordenada. Ineludible.
Es barro y envoltura y descontrol y desmedida de cerebros en off y pieles en flor. Y sentidos felinos y calor y palabras a medio formar
Más coches conducidos por imbéciles para los que la pasión es exclusivamente pisar el acelerador.
Mercedes Milá anuncia Gran Hermano. Ella sí, llena de una pasión auténtica que viene del autoconvencimiento. Trece años después se creyó su propio anuncio. La vida en directo. El experimento sociológico.
No me estarás engañando...
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El tema del taller del miércoles pasado era "Publicidad". Pero se retrasó a este miércoles. Y mañana yo no iré al taller porque Alejandro Martínez da un conciertazo en la sala Galileo. Así que lo subo hoy...
Me dicen que has muerto. Y tu línea de móvil suena como siempre. Y salta el buzón de voz como siempre. Y yo, esta vez, no digo nada. Ninguna broma idiota. Ninguna frase que incluya la palabra ostras.
Qué se dice en el buzón de voz en estos casos. Y la luz verde del chat de google sigue encendida junto a tu nombre. Verde. Como siempre. Pero tampoco hay ningún mensaje tonto sobre tu estado civil, la última chica guapa con la que cenaste. Alguna cosa de tus sobrinos.
mentira.
(De mentir).
1. f. Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa.
2. f. Errata o equivocación material en escritos o impresos. Se usa más tratándose de lo manuscrito.
3. f. coloq. Manchita blanca que suele aparecer en las uñas.
4. f. coloq. Chasquido que producen las coyunturas de los dedos al estirarlos.